Todo tuyo.

Y qué difícil ponen lo de enamorarse.
Se que llevo tiempo sin escribirte. Sé que mi valentía se ha vuelto perezosa, y que ahora ya no tiene sentido. Esto es para ti, y sólo para ti, así que saca tus propias conclusiones. Y cuando aquella película no te haga llorar, cuando empieces a irte a dormir por no querer estar despierta, léeme. No te hablaré de Dioses ni de Fe, no te contaré nada que no quieras saber. Sé que no te apetece siquiera sentir, y aún cuando vuelvan las ganas, no sabrás hacerlo. Porque a veces la realidad golpea, y sabe dónde duele, la muy puta.
Te contaré una historia. La de un hombre enamorado, claro. Un hombre que conoció y amó a una mujer, y ella sin saberlo. Lo supo, al menos durante un tiempo, hasta que decidió olvidarlo. Pesaban más sus defectos, demasiado complicado, mejor dejarlo. No hubo poemas, sólo canciones. No hubo flores, más que rosas. Ella se fue y él, enamorado, se quedó esperando. Cómo se asemeja la gilipollez al amor. Muchas noches en vela, imaginando cuántas manos la habrán tocado, cuántos labios la habrán rozado, cuánto piensa ahora en él, si es que. Y así, con su mente jugando en contra, pasaba el tiempo. Empezaba a desear conocer a otra mujer que le hiciera sufrir, sólo para no sufrir por ella. Se imaginaba a sí mismo enamorando, no al revés. Y enamoró. Y volvió a besar, a querer, a tener otra huésped en su cama. Y volvió a sufrir y a desear, a imaginar que enamoraba.
Pobre hombre, dirás. O qué cara dura. Puede que incluso menees la cabeza negando y asumiendo aquello de “todos son iguales”. Pues desengáñate. Yo no. Si, yo. El que escribe. Es posible que no sepa amar, ¿sabes? Pero siendo sinceros, ¿quién sabe amar siendo joven? Tampoco pretendo convencerte, ni decirte que vuelvas, que te necesito para vivir. No te necesito para vivir, pero te prefiero siendo esa huésped de mi cama. Sólo quiero decirte que, aún sin saber, he conseguido amarte, he conseguido memorizar cada doblez de tu sonrisa, he conseguido dibujar la silueta de tu cuerpo. He conseguido reconocerte por tu olor, dejar de dormir mientras estás dormida. He conseguido sufrir por tu culpa y volver a componerte no poemas, canciones, volver a regalarte no flores, sólo rosas. Pero qué triste que te juntes con alguno sólo por no estar sola. Y qué difícil pones lo de enamorarse.

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