Aviones.

Eres una mujer difícil. Como toda mujer que se precie, bien es cierto. Hace tiempo me preguntaste cómo te definiría. Me callé porque realmente no me veía capaz de responder. Porque cada vez que lo intentaba, sentía algo similar a cuando necesitas decir muchas cosas y acabas sin contar ninguna. Y pensé largo y tendido buscando la manera de sintetizarte. La locura la tienes, y con eso me basta. Pero siendo sincero, todas las palabras que conozco no me bastaban, hay muy pocas letras en el abecedario. 

Al día siguiente de la cena en la que me hiciste esa pregunta, me fui a Madrid en avión, ¿te acuerdas? Fue cuando quedé con mis amigos para nuestro encuentro anual, en casa de Pedro. Fue un gran fin de semana. Salimos todas las noches, dormíamos todas las mañanas y comíamos por las tardes en sesiones de cine y videojuegos. Desconecté de todo: exámenes, trabajo, incluso de ti. No no, no en el sentido negativo, todo lo contrario. No hablé contigo y te echaba de menos. Buena señal. Reí como se ríe cuando la vida va bien, dándolo todo, a pleno pulmón. Pero seguía sin poder responder a tu pregunta, y resultó ser una mosca en la oreja que progresivamente iba acortando mis carcajadas, reprimiendo mis sonrisas y minándome la moral. Y más me angustiaba a cada hora, porque vamos a ver, no soy el único hombre heterosexual con ojos. Cuando se dieran cuenta de cómo eres, podrían contestarte a tu pregunta, y yo quedaría en el segundo puesto: medalla de plata y mucha gente dándome la mano mientras miran al campeón, sonrientes. Pero no había manera, y la capital nos despedía. “Por favor, los pasajeros del vuelo B-132 embarquen en la puerta número 3, gracias”.
 
Y estando solo por primera vez en todo el fin de semana, el tema seguía dando vueltas. Describirte. Recuerdo que sonreí para mis adentros al darme cuenta de que era la pregunta más complicada que me habían hecho. Intenté dormir, y lo conseguí al minuto. Supuse que los efectos de esos días iban a prolongarse hasta febrero. 
Dicen que cuando hay turbulencias la gente grita y hablan entre ellos acojonados de los motivos por los que no quieren morir, pero es un mito. Lo que realmente se hace es mirar alrededor con los ojos muy abiertos, las mandíbulas apretadas y fingir que no sientes miedo alguno. Pero en ese caso, las consecuencias sólo fueron que me desperté´bien cabreado. Y en esos dos primeros segundos después de un sueño en los que no sabes ni dónde estás, tu imagen y tu boca preguntándome cómo te definiría me golpearon devolviéndome a la realidad. Entonces, miré por la ventana.
 
Y gracias a ese viaje, gracias a las turbulencias que me despertaron, sé la respuesta. Seguramente no será lo que esperas, ya te veo la sonrisa en la cara, pero no pienses que es poético. Simplemente es sincero. No sé si has visto alguna vez desde un avión la lluvia cayendo sólo en un claro circular mientras se cuela la luz del sol entre las gotas. Es impresionante, en serio. Yo lo vi, lo vi de cerca, y tú eres esa lluvia. Que cuando se te ve, cuando se te conoce, es casi como si te partiera un rayo, una descarga por todo el cuerpo. Te sientes casi encogido y notas que tus ojos no bastan para captar lo que estás viendo, pero nunca dejas de mirar, no puedes. Eres igual que esa lluvia traspasada por el sol, te toca fibras que ni sabías que existían, y sólo te lamentas del tiempo perdido en que no la conocías, y todo pensamiento que te pudiese distraer deja de existir, y todo está bien, aunque el mundo arda.
 
Pero hay algo que te hace mejor. A la lluvia no se le puede poner un anillo en el dedo. Seguramente lo encontrarán entre los restos del avión, y aunque no llegue a dártelo, no es por falta de voluntad por mi parte, créeme. Es porque la vida es así de caprichosa. Y si lloro, no será por morir, será por no morir a tu lado. Tengo una foto tuya en la cartera. Te estoy mirando mientras te escribo esta despedida que no estaba preparado para escribirte. Y eres como la lluvia. Y sólo me lamento del tiempo perdido en que no te conocía. Sólo me lamento del tiempo que nos han robado, porque nos pertenecía.
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